La sociedad del futuro necesitará mercados, no capitalismo. El carácter omnipresente y permanente que se le atribuía al sistema que reina sin contrapesos desde 1989, parece haber hallado fronteras infranqueables para su desarrollo y su capacidad adaptativa está hoy en entredicho. El neoliberalismo, doctrina en que se basa, aboga para que los individuos persigamos nuestros fines compitiendo con el mínimo de regulaciones, en mercados que supone perfectos, con la menor intervención estatal posible. Cómo resultado tenemos que  sólo un quinto de la capitalización de las grandes empresas mundiales son hoy día materialmente identificable, el resto es especulación. Y brechas de desigualdad enormes.

La esperanza que suponía el dominio de las tecnologías de información para la recuperación del capitalismo tras la debacle de 2008, ha devenido en una fantasía,  y las TICs más bien parecen horadar silenciosamente las bases del sistema, contribuyendo a disolver mercados, destruir derechos de propiedad,  llevar los costos marginales a casi cero; desintegrar la antigua relación entre salario / trabajo y con todo, a minar para siempre, la capacidad del capitalismo de fijar precios y generar margen de utilidad.

La “Gran Recesión” de 2008, requerirá de varias décadas para recuperar siquiera índices previos en los niveles de vida de la población mundial, aunque hay  quienes sostienen que las nuevas generaciones no volverán a disfrutar jamás de tales niveles. El crash financiero demandó un salvataje de 700.000 millones de dólares en Estados Unidos y de unos 400.000 millones de euros en Inglaterra. El modelo basado en el hiperconsumo y por ende en la deuda, perdió así una legitimidad naturalizada por economistas y políticos ideologizados.

La crisis abrió paso a una transición difusa y fragmentada, a un “interregnum” en el que pugnan y coexisten nuevas y antiguas formas de economía, que se ofrecen como alternativas viables para (re) construir sistemas económicos con centralidad en la satisfacción de necesidad humanas, mayores niveles de transparencia y gobernanza democrática, la supeditación de las finanzas a fuerzas morales y una relación sostenible con los recursos naturales para nuevas condiciones ambientales. La “factura” ambiental recuerda que no se puede obtener utilidades infinitas a partir de recursos finitos, así el crecimiento proyectado para los países OCDE no superaría el 3% en las décadas venideras. ¿Cómo marginarán las empresas de mercado si el crecimiento sigue a la baja?

Vivimos una transición que parece no tener camino de retorno. Estatismos, nacionalismos y capitalismo, demostraron ser no más que dos caras de la misma moneda de control y jerarquías, en las que la centralidad de la persona y el bienestar humano son desplazados de escena por doctrinas que nos condenan a escoger entre el falso dilema de  mercado o Estado. La  producción colaborativa, surgida en la última década como respuesta a la debacle, ha permitido el florecimiento o expansión de  nuevas formas de producción, nuevas monedas, organizaciones y tipo de emprendedores, los sociales, que fomentan innovadores usos para las tecnologías, formas alternativas de trabajo y por sobre todo, de propiedad.

El nuevo paradigma de procomún colaborativo, será el resultado de la combinación entre la antigua y resiliente Economía Social y Solidaria, las nuevas tecnologías de información y modelos híbridos de negocios. En este escenario, un “cooperativismo de plataforma” copará cada día más espacios en las relaciones económicas, basado en los principios que lo rigen desde mediados de 1800, para promover asociaciones empresariales entre los trabajadores, supeditando el capital a las personas y enfatizando la democracia en la gestión, al promover la lógica de un hombre/una mujer un voto.

El viejo sueño de “moralizar la economía que animó a los pioneros del sistema cooperativo y los economistas que los acompañaron, es cada día más posible de lograr. A los 1.000 millones de personas que forman parte de las 2.6 millones de cooperativas en el mundo, con ingresos anuales de casi US $ 3 billones, se suman nuevas empresas sociales, gremios, asociaciones y fundaciones que usarán la web, las energías renovables y nuevas formas de logística, para cambiar el sistema financiero y productivo,  por modelos P2P y de comunidades abiertas y colaborativas.

Héctor Jorquera.

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